domingo, 29 de diciembre de 2013

Soledad

Buenas noches señorita ¿cómo se encuentra usted? Espero que bien, solamente quisiera saludarla y pedirle una disculpa, usted se ha podido dar cuenta que la he abandonado por mucho tiempo pues, algunas personas hicieron que me alejara de usted pero, tan solo los dos sabemos que pase lo que pase, usted será la única que siempre estará a mi lado cuando más la necesito. Hay quienes se atreven a decir que estar a su lado me hace mal, que estar con usted no es la mejor solución, que a su lado solamente viviré amargado y triste, que lloraré sin consuelo, que enfureceré sin motivos, que dolerá mi corazón junto a usted, que ardera mi piel, que mis manos sangrarán, que mis pies dolerán que mi voz se callará pero, ¿Qué sentido tiene estar bien? Si no hay alguien con quien compartir tu bienestar, ¿De qué sirve tener soluciones? Si los problemas son muchos más, ¿Para qué vivir feliz? Si a tu alrededor no hay quien perciba esa felicidad, ni siquiera perciben tu presencia, ¿Qué sentido tiene consolarse al llorar? Si sabes que ese consuelo no remediara tu dolor, ¿Con qué fin enfurecer por algún motivo? Si el solo hecho de estar rodeado de personas que hieren mi alma, es razón suficiente, que arda mi piel, que sangren mis manos, que duelan mis pies, que se calle mi voz porque sé que ahí estarás tu a mi lado para darme una mano, para darme un fuerte abrazo y decirme: Estoy aquí contigo.

Tu eres mi única, mi incondicional y sé que por más que pase el tiempo siempre volveré a ti porque a tu lado nací, a tu lado crecí, a tu lado me caí, a tu lado me levanté, a tu lado reí, a tu lado lloré, a tu lado amé y odié y a tu lado moriré pero, lo más importante es que sin importar mi aspecto, mis gustos, mis ideales y mis creencias siempre estuviste a mi lado, nunca me juzgaste, es más, no recuerdo haberte escuchado decir una sola palabra, tan solo me escuchaste, me abrazaste con tus manos frías que tocan mi alma hasta lo más profundo que llegaban a mi corazón y lo acariciaban poco a poco mientras lo iban aliviando, esas mismas manos que sanan heridas, que curan el dolor, que apagan el incendio que arde dentro de mi cuando enfurezco, esas manos frías que tan solo tú pusiste en mí y calmaste mis penas, disculpara usted la molestia señorita pero, aquí me encuentro de nuevo a su lado, esperando que haga conmigo lo que hizo cuando tenía 12 años, que sea mi madre, mi novia y mi amiga; aquí me encuentro señorita, gracias por acogerme de nuevo, señorita, señorita soledad…

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